Arco iris

arco irisArco irisEl arco iris es un fenómeno meteorológico sorprendente,  como una estela recién pintada con spray  que aparece y desaparece caprichosamente en el cielo. Siempre es la misma imagen y sin embargo, siempre resulta diferente. El hecho de que en muchas ocasiones aparezca tras una tormenta, unida a su olor característico, le añade un encanto especial. También el hecho de que no siempre aparezca. Hay momentos en los que se percibe que es un momento propicio para ver el aro iris, pero no se vislumbra y en otros momentos, por sorpresa, un cielo denso se tiñe de color.

Tras insertar las dos únicas imágenes de arco iris que tengo, busco en google otras imágenes:

arcoiris1arco-irisarco-iris2arco-iris-de-fondo_19-121519ArcoIrisFuegoarcoiris-lluvia-gotas-descomposicion-de-la-luz7-DE-JULIO_ARCOIRISarco-iris-161371510y9yrmqeg5pPuente del Arco Iris (1)

Enamorados-bajo-el-arco-iris-1920x1200-extrafondos-com.

Y aquí es donde aparece la capacidad de transformar algo hermoso en algo sumamente hortera, cursi. Los suaves colores del arco iris se vuelven estridentes y todo se tiñe de un simbolismo pseudomístico cutre cuando no, de una afectividad ñoña.

Por otra parte, hace tiempo que asociamos el arco iris a los movimientos activistas ecologistas y también a quienes defienden los derechos de los homosexuales.

¿Podría alguien exhibir la estética del arco iris (no necesariamente en su indumentaria) sin que cualquiera de estas etiquetas asociadas (espiritualidad new age, ñoñez, activismo medioambiental, activismo homosexual) le fuera asignada?

¿Es posible que seamos tan rígidos en los procesos de categorización social?. ¿Es posible que estos procesos de categorización social sean utilizados por algunos para modificar la percepción de la realidad de las personas?. ¿Deberíamos estar especialmente atentos a esta posibilidad utilizando de manera más consciente  las nuevas tecnologías?

Reducir el arco iris a lo reflejado en estas imágenes equivaldría a hablar a una persona de 40 años como si tuviera 9. En ocasiones, cuando escucho hablar a determinados “referentes sociales” me revuelvo porque parece que se estén dirigiendo a niños. Pero a veces, miro a mi alrededor y veo a personas adultas procesar la realidad como niños y me pregunto: ¿qué fue antes, el huevo o la gallina?*.

*Pregunta retórica

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Eunate

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IMGP6198IMGP6196Borré recientemente esta última foto porque me dí cuenta de que algún inútil había interpretado que la figura que figura al fondo, que es mi hermano y parece casi el tronco del árbol a lo lejos (en parte la puse por esa curiosidad) era alguien más que mi hermano y lo relacionó con el símbolo del camino de Santiago. Tampoco con el árbol quería simbolizar nada en especial, nada relacionado con la familia.

También añadí algo acerca de dejarse llevar por la espiritualidad aunque uno/a no sea muy religioso/a cuando se visitan este tipo de lugares tan sugerentes. No lo dije así, hablé de no etiquetar las experiencias de una sola manera.

P.D. ¿Por qué hostias ahora no hay en este blog la opción de alinear el texto justificado que antes sí tenía?. Odio la alineación a la izquierda o a la derecha y centrada. Es inarmónico y yo cuando escribo no  utilizo la ridiculez de una alineación para delimitar mi ideología. Subnormales.

 

La naturaleza en la música (II)

“Stormy weather”.  Harold Harlem y Ted Koehler (1933).

“Summertime”.  George Gershwin (1935).

“Blue moon”.  Richard Rodgers y Lorenz Hart (1934).

“April in Paris”. Vernon Duke (música) y E. Y. Harburg (letra) 1932.

“Blue skies”. Irving Berlin (1926).

Ray Henderson (música) , Buddy G. DeSylva y Lew Brown (letra). “The birth of the blues”  (1927)

La naturaleza en la música (I)

CRUMB, George (1929). Vox Ballaenae (Voice of de Whale), para flauta, cello y piano.

DEBUSSY, Claude (1862-1918). El Mar (La Mer), tríptico sinfónico. (2º Mov.)

GRIEG, Edvard (1843-1907). Última primavera

GRIEG, Edvard (1843-1907).La mariposa, de Piezas líricas para piano.

RAMEAU, Jean-Philippe (1683-1764). La Gallina (La Poule)

RIMSKY-KORSAKOV, Nicolai (1844-1908). El vuelo del moscardón, de la ópera La leyenda del Zar Saltan.

SAINT-SAËNS, Camille (1835-1921). El carnaval de los animales

SIBELIUS, Jean (1865-1957). Cabalgata nocturna y amanecer
VIVALDI, Antonio (1678-1741). Las cuatro estaciones, conciertos para violín.
Béla Bartók (1881-1945).  “Mosquito dance” Dúos para violín.
Maurice Ravel (1875-1937). Jeux d’eau
Ludwig van Beethoven (1770-1827). Sonata Claro de luna.

Auroras boreales

 

“Hay que ver una aurora boreal. Todo el mundo debería poder hacerlo, sentirse pequeño y sobrecogido ante esa cortina fantasmagórica que barre el cielo sobre nuestras cabezas. Se me antoja una gigantesca y etérea bailarina, más que esas antorchas de una procesión de almas que imaginan los inuit. Otros hablan de la sensación de estar viendo unos fuegos de artificio, lentos, majestuosos, y silenciosos.

Esas luces del norte son algo que te marca, como si uno debiera aparcar la mente racional y dejarse llevar por la magia. Es habitual contraponer esas dos visiones del mundo: la del hemisferio derecho, analítico, anclado a la razón, frente al cerebro izquierdo, imaginativo y creador. El poeta John Keats acusó a Isaac Newton de haber desposeído al arcoíris de su belleza al explicar cómo se formaba.

Me emociona pensar que estamos viendo moléculas de nuestra atmósfera excitadas por partículas que viajan desde el Sol

Desde el ataque del romanticismo, hemos seguido aferrados a ese prejuicio de que ciencia y emoción no pueden ir juntas. O de que uno puede realmente separar sus dos hemisferios (otra cosa es que uno pueda dejarse llevar…)

Siempre que he visto esas luces entre verdes y azules, enrojeciéndose o amarilleando a veces, desapareciendo o cubriendo de repente en un ‘grand jeté’ todo el cielo, me emociona pensar en que estamos viendo moléculas de nuestra atmósfera excitadas por partículas que habían viajado desde el Sol, de donde habían salido en una convulsión de gas a millones de grados. Esas regiones activas de nuestra estrella crean descomunales cortocircuitos electromagnéticos, que calientan el gas y lo lanzan más allá de la corona, y que recorre el Sistema Solar.

Pero es el campo magnético de la Tierra era el que mueve todo el fenómeno, quien lo hace bailar. Nuestra magnetosfera sufre esos embates cambiando su estructura y redireccionando las partículas que llegan del Sol para llegar hacia las regiones polares, del norte y del sur.

Ahora entendemos mejor la dinámica compleja de estas tormentas geomagnéticas, y se pueden predecir sus efectos, no solo en la atmósfera, sino sobre la creciente maquinaria que tenemos más allá de la protección magnética, los satélites artificiales. Ese tiempo espacial que nos muestra, también, cómo estas fechas del máximo de actividad solar serán los más propicios para disfrutar de las auroras boreales.

Ahora va finalizando esta temporada de auroras, porque la luz solar de la primavera empieza a terminar con las noches boreales. Pero llegará de nuevo el otoño y, con él, esta danza celeste. Y ese espectáculo que, gracias a la ciencia, vamos conociendo mejor, y disfrutando mucho más.”

Javier Armentia (Astrofísico y Director del Planetario de Pamplona)

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/03/16/ciencia/1331920906.html